"LOS NUEVOS TEMPLOS", por Gustavo Martín Garzo


“La poesía es la casa de la vida”. Esta frase de Mario Benedetti podría servirnos perfectamente para definir lo que es una biblioteca. Una casa en la que son posibles las cosas más insospechadas. Por ejemplo, escuchar a los muertos, ya que nos basta con abrir uno de sus libros para que las voces de los que ya no están se sigan escuchando en el mundo.

Pues bien, eso es una biblioteca: una Casa Encantada en la que cualquier cosa puede suceder. Cada libro es una puerta, un pasadizo que nos comunica con lugares y mundos llenos de atractivos pero también de peligros. Y leer es como viajar por esos mundos: disfrutar de sus dones y enfrentarse a la incertidumbre de lo que desconocemos.

El mundo de los libros no es diferente a ese País de las Maravillas que visitó Alicia y leer, como hizo ella, es irse detrás del Conejo Blanco. Un país lleno de locuras, peligros e incitaciones diversas, en el que no se sabe lo que realmente nos puede suceder, porque los libros no han sido escritos para tranquilizarnos, sino para agrandar nuestra vida. ¿Y cómo lo consiguen? Enseñándonos a amar las preguntas.

Todos los libros que existen han sido escritos para formular una y otra vez tres preguntas básicas. La pregunta por el propio ser, la pregunta por el ser del otro y la pregunta por el ser del mundo.

Pensemos en tres personajes de cuento: la Cenicienta, Psique y Noé.

La pregunta de la Cenicienta es la pregunta por la identidad. Vive entre las cenizas, pero sabe que hay otra escondida en ella, que debe esperar su momento para aparecer.

A Psique, por su parte, lo que la preocupa es quién puede ser aquel con quien se encuentra cada noche. Se trata de Eros, el oscuro dios del deseo. Eros acepta reunirse con ella, pero le prohíbe descubrir su secreto. Y Psique vivirá sólo para desvelarlo. Su pregunta no se dirige hacia sí misma, sino hacia el ser del otro. ¿Quién eres?, es la pregunta del amor.

¿Y Noé? Noé no sufre ni los sofocos de la identidad ni los desvelos de los amantes. Dios le anuncia la destrucción del mundo, y él debe asegurar la continuidad de la vida. El Arca es el lugar natural donde se formula la tercera pregunta de los cuentos. Por qué Dios creó los ríos, los prados, el ámbar, los caballos, el vino o la nieve. La pregunta por el ser del mundo, y por la misión que nos toca cumplir en él.

Esas son las tres pregunta que vuelven a escucharse cada vez que leemos un libro, las preguntas que alimentan la vida.

Una creencia judía afirma que en cada época en la tierra aparecen treinta y seis justos. Nadie les conoce, pues se confunden con los hombres comunes. Pero ellos llevan a cabo su misión en silencio, que no es otra que sostener el mundo con la fuerza de su misericordia y de su atención. No me cabe duda de que, en nuestro tiempo, de existir esos justos desconocidos habría que buscarlos entre los miles de lectores anónimos que visitan cada día las bibliotecas del mundo. Por eso las bibliotecas son los nuevos templos y visitarlas es mantener encendida la llama del conocimiento y de la vida.


Visto y leído en: Mi biblioteca: La revista del mundo bibliotecario, ISSN 1699-3411, N. º 2, Julio 2005, pág. 11. Fundación Alonso Quijano

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Pintura: Biblioteca-óleo sobre lienzo de 113 x 73 cm de Manuel Domínguez©


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